Alguna vez me valió madre el dinero. Sobrevivía bien toda la semana con lo que mi mamá me daba, que es lo mismo que me sigue dando ahorita, no más. Los mismos tenis (rotos) toda la semana y hasta todo el mes, hasta que aguantaran, hasta que me empezaran a decir que eran los tenis sacados de la basura, comprar ropa dos, tal vez tres veces al año (y no creas que todo un guardarropa, unas garritas eran suficientes). ¿A quién le importaban los conciertos, las fiestas, salir, gastar, ir aquí o allá, trabajar, comprar, ambicionar, la desesperación porque se acerca el fin de semana y yo solo tengo 25 pesos? A todos, menos a mi. Yo era tan feliz con mi playera que no combinaba con la sudadera que traía, que tampoco combinaban con los tenis ni con el pantalón. Con no comprar nada, con no querer nada, con ese valemadrismo y hasta cierto punto desprecio hacia todo lo material y superficial, con no exigir ni pedir ni estar solo pensando en como hacerle para conseguir.
¿En qué momento el dinero empezó a ser tan importante, tan necesario, el motivo de esta pinche tristeza y depresión? Yo luego me sentía inútil y me ponía a chillar porque no iba a la escuela, porque nunca había aprendido a nadar ni a tocar la guitarra, nunca por no tener dinero. Pero si todo lo que yo necesitaba era mi ipod con la batería cargada y 14 pesos para el pasaje, con eso era feliz. Bueno 15, para también comprar un chicle, ¿dónde me perdí? ¿Alguien me ha visto? Me urge regresar.