domingo, 26 de agosto de 2012
No recuerdo con exactitud las palabras que usaste para describirme esa vez pero fue algo así como "encimosa y hostigosa". Lo que jamás olvidaré es la cara de asco y desprecio que pusiste cuando intenté abrazarte tontamente después de que me llamaste así. "Pero yo te amo", lloriqueaba al tiempo que me empujabas para que no me acercara a ti. Esas palabras resonaron en mi cabeza interminables días, encimosa y hostigosa. Decidí cambiar entonces, convertirme en una nueva persona, una tan diferente a la que que si algún día volvías a encontrar no reconocieras. Y lo logré, hasta que un buen día sin darme cuenta siquiera lo olvidé y caí en lo mismo, ese cambio se revirtió hasta dejarme otra vez en la misma piltrafa que alguna vez fui. Hoy esas palabras vuelven a mi en forma de acciones, como el mismo chingadazo que me dolió hasta matarme aquella vez, el lenguaje no verbal puede decir más que el propio verbal, decía la maestra Adriana en la plática de asertividad de hace 3 días. Pinche vieja, como me acuerdo de la vez que me dijo que si no iba a su retiro religioso me iban a dar de baja de la prepa y me valió madre y no fui. Y sí, me dieron de baja. Pero también a ella la corrieron de esa escuela no sin antes culparme de eso. ¿Quién le daría la cachetada a quién en esta plática, 7 años después de ese día? ¿Yo a ella o ella a mi? Ah, pero estábamos en otra cosa.
Nuevamente ha llegado la hora de moverse, de cambiar, de irse y no volver, antes de hundirse más en este fracaso anticipado.
viernes, 24 de agosto de 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
Son casi las 5 de la tarde cuando nos subimos a la camioneta de mi papá. Esa Ford gris con rayas azules de una cabina que dejó de ser un modelo reciente hace mucho tiempo.
Nos acomodamos mis hermanas y yo en el asiento cubierto por un sarape de colores que guarda ese olor tan particular y que siempre me ha desagradado. Arranca la camioneta haciendo tanto ruido, ruido que siempre es opacado por el estéreo Kenwood que toca el mismo cassette día tras día, el mismo que no tenía más que los tornillos para cambiar de estación y subir el volumen en lugar de botones. Caminando por calles extrañas de la gran ciudad, caminando muy triste y muy solo te quería encontrar. Hoy corté una flor y llovía, llovía esperando a mi amor, y llovía, llovía. Cómo olvidar tu pelo, cómo olvidar tu aroma si aún navega en mis labios el sabor de tu boca, mis hermanas y yo ya nos sabemos esas canciones de memoria y siempre terminamos cantando.
Recorremos siempre el mismo camino con el mismo paisaje que no me deja de gustar. Atrás se queda la carretera para empezar la terracería, pasamos el puente que está sobre un río, esa casa extraña que siempre me intrigaba, bajamos por el único carril lleno de piedras que hay para llegar. Si saco la mano de la ventana puedo tocar todas las plantas y árboles que han crecido alrededor del camino de manera natural, a veces me da por arrancar hojas, hay tantas plantas de las que no sé su nombre pero sin duda mi favorita es esa que tiene unas bolitas que se pegan a la ropa, las arranco maldosamente para aventárselas a mis pequeñas hermanas de 5 y 6 años. Yo tengo 10.
Paramos frente a la casa de mi abuelo, ese humilde cuarto de tabique con puerta roja, vidrios azules y una sola ventana, bajamos de la camioneta y los perros que ahí viven nos rodean: el "chorejas", perro callejero que ha estado ahí desde que tengo memorias y "la Sandy", la rottweiler de mi primo el prieto. La puerta de la casa de mi abuelo está cerrada pero él no tarda en subir, estaba en los corrales de las vacas, o quizá de las gallinas. Quióbole china, me dice con ese tono de voz tan suyo y nos saluda con su mano áspera y llena de tierra, manos de hombre de campo. Mi abuelo es alto, moreno, siempre con sus zapatos de trabajo y su sombrero, para tener 80 años parece tener la misma fuerza y vitalidad de mi papá.
Entramos a su casa y nos sentamos en su cama o en ese taburete que muchos años estuvo en mi casa. "Te trajimos esto, abuelo" le decimos mis hermanas y yo en coro, mientras le damos la bolsa de plástico con un traste lleno de comida que siempre le manda mi mamá. "¿Qué es? Gracias, ahí déjamelo en la mesa". Entramos a la cocina y siempre me quedo viendo el refrigerador verde que también, alguna vez fue de nosotros. Su alacena de metal llena vasos de vidrio y trastes de plástico, la estufa pequeña y la ventana. Siempre tiene ahí ese vaso morado de Michael Jackson de la promoción de pepsi y su escopeta en la pared junto a su cama, del otro lado el buró con una grabadora y arriba de su ropero la televisión que siempre nos invita a prender y que jamás vemos, preferímos salir a jugar con el prieto mientras mi papá y mi abuelo platican.
Jugamos en los corrales, vemos a los animales recién nacidos, las vacas nunca faltan. Bajamos las bicicletas de la cajuela y empezamos a pedalear sobre el pasto seco. Mi tía Julia, la mamá del prieto, siempre está lavando los trastes en el lavadero. El prieto baja corriendo descalzo por todo el camino de piedras al lado de nosotras. Después nos vamos corriendo hacia la milpa llena de alfalfa y maíz, jugamos con los aspersores, el tiempo vuela y sin darme cuenta, cada momento ahí experimento lo que más tarde comprendería: nada más que verdadera y pura felicidad, como jamás la volvería a conocer. Tengo los pulmones llenos de aire puro, los ojos llenos de los cielos más azules que haya visto hasta entonces , el río que pasa más abajo de la milpa resuena en mi cabeza y el alma llena de risas y juegos, del cariño que jamás dejaré de sentir por mis hermanas tan escandalosas y chillonas como son, del amor profundo al rancho de mi abuelo donde todos los días soy un poco más feliz.
El tiempo se acaba, es hora de volver a casa. Está oscuro y las luciérnagas revolotean por todos lados. "Adiós, abuelo" y nos ponemos en fila para estrechar su mano. "Ándale que les vaya bien" nos dice desde la puerta de su casa, donde se queda hasta que la camioneta poco a poco desaparece en el camino pobremente alumbrado, sacudiéndose como siempre por todas las piedras que hay en el único carril angosto, mi camino favorito, el camino a la felicidad de cada tarde.
Es tanto el cansancio que cierro un momento los ojos y cuando los vuelvo a abrir, estoy en mi cuarto 14 años después. Hace mucho que nada volvió a ser igual y a veces, cuando me siento caer de nuevo en el abismo siempre regreso a aquellos días perfectos, a mi lugar favorito en todo el mundo.
lunes, 20 de agosto de 2012
"Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme, dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra."
Mientras tú me ignoras, el tipo que alguna vez me trató de ligar en la escuela hoy que me vio y me saludó hasta me abrazó. Y después cuando se fue, me mandó un mensaje diciéndome que me veía bien guapa y que le di buena suerte en los problemas que tenía que arreglar en la escuela.
*Actualización: Y me acaba de mandar otro mensaje "deséandome lindos sueños".
*Actualización: Y me acaba de mandar otro mensaje "deséandome lindos sueños".
viernes, 17 de agosto de 2012
A veces me da por leer todas esas cosa que he escrito desde que tenía 16 años. Es triste ver que siempre y hasta la fecha, solo escribo de de decepciones, de nostalgias, de dolor. Mi vida amorosa siempre termina en el mismo barranco junto conmigo, cayendo un poco cada día hasta que por fin logro desmadrarme contra el piso. Más triste es saber que, como diría mi mamá, aunque esté tan pinche vieja no puedo aprender de los errores, tal vez nunca aprenda, ya no lo sé. 8 años arruinando todo, el equivalente a dos licenciaturas. Licenciada en estar bien pendeja para el amor, cursada dos veces.
¿Sabes? El problema de la gente como yo es que en los sentimientos somos como una lata de refresco. Una vez que la destapas, ni a chingadazos se vuelve a cerrar. O como corcholata de caguama, whatever. Entiendes el punto.
Me lo dije mil veces, es mejor ocultar todo. No hay que demostrar nada, Mariel, por eso te ven la cara. Pero ahí va una de pendeja a andar con el corazón de fuera y mira, ahora ahí esta la chingadera.
Me lo dije mil veces, es mejor ocultar todo. No hay que demostrar nada, Mariel, por eso te ven la cara. Pero ahí va una de pendeja a andar con el corazón de fuera y mira, ahora ahí esta la chingadera.
miércoles, 15 de agosto de 2012
I will follow you into the dark
Nunca pude dormir con nadie, ni con mi mamá. Que cosas, hasta mi sueño es egoísta. Pinche vieja rara, cuando nos íbamos de paseo en la escuela pasaba las noches despierta al sentir que mis compañeras de cuarto dormían en la misma cama que yo, quién sabe por qué siempre me perturban los cuerpos ajenos a la hora de dormir.
Pero aquella vez fue diferente: esa noche sin querer desperté. Escuché esa canción que pusiste en tu ipod, esa que me dedicaste hace mucho y cuando abrí los ojos me di cuenta de que por primera vez después de muchos intentos fallidos, no me moví para nada. No te solté y tú tampoco te volteaste hasta el otro lado de la cama, estabas entre mis brazos, de donde nunca debiste irte.Te besé varias veces, tus labios apenas se movieron y en mi mente te dije lo mucho que te adoraba. Nunca voy a olvidarlo.
Siempre dejo ese espacio vacío del lado derecho de mi cama, como esperando algún día despertar en la madrugada y que estés ahí otra vez, como queriendo que me abraces en todas las noches largas de insomnio y dudas que me desmoronan el alma. Porque yo aún después de todo este tiempo, todavía te sigo en esta oscuridad en la que te perdiste y nunca dejaré de hacerlo hasta volverte a encontrar.
Pero aquella vez fue diferente: esa noche sin querer desperté. Escuché esa canción que pusiste en tu ipod, esa que me dedicaste hace mucho y cuando abrí los ojos me di cuenta de que por primera vez después de muchos intentos fallidos, no me moví para nada. No te solté y tú tampoco te volteaste hasta el otro lado de la cama, estabas entre mis brazos, de donde nunca debiste irte.Te besé varias veces, tus labios apenas se movieron y en mi mente te dije lo mucho que te adoraba. Nunca voy a olvidarlo.
Siempre dejo ese espacio vacío del lado derecho de mi cama, como esperando algún día despertar en la madrugada y que estés ahí otra vez, como queriendo que me abraces en todas las noches largas de insomnio y dudas que me desmoronan el alma. Porque yo aún después de todo este tiempo, todavía te sigo en esta oscuridad en la que te perdiste y nunca dejaré de hacerlo hasta volverte a encontrar.
domingo, 12 de agosto de 2012
Hay olores que siempre llevaré en el alma. Como el de tu perfume, ese con el que me enamoraste cuando te conocí. Del que me regalaste un frasco pequeño en mi cumpleaños y que usaba para extrañarte un poco menos. El mismo que le pedí a mi mamá que me comprara para oler siempre a ti. Ese que me encantaba respirar de tu cuello y que amaba cuando se me quedaba pegado en la ropa después de verte. Ese que cuando me lo pongo, me lleva de nuevo hasta Teotihuacán con los extranjeros que iban con nosotras, cuando nos perdimos. Con el calor horrible mientras subíamos a la pirámide del sol el día del mejor cumpleaños que he tenido.
No sé si te lo dije, pero ese fue el mejor cumpleaños de mi vida. Y no solo eso, también uno de los días más felices de mi vida. Gracias, tarde como siempre. Pero gracias.
No sé si te lo dije, pero ese fue el mejor cumpleaños de mi vida. Y no solo eso, también uno de los días más felices de mi vida. Gracias, tarde como siempre. Pero gracias.
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