Sabes exactamente a qué huele mi sangre y de qué color es mi corazón. Has palpado mis órganos internos, cada uno de ellos. Te he visto acomodarlos en diferente posición, guardarlos en el orden correcto, hacer y deshacer como rompecabezas. Los examinas, te los sabes de memoria. Hasta has comido pequeñas partes de ellos, les has escrito tu nombre por todos lados haciéndolos tuyos, haciéndome más tuya.
Y no tengo problemas con eso, lo único malo es que yo a ti no puedo ni quitarte la ropa.
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