¡ ME LA PELAS, PUTO !
Eh, quiobole.
Nadie se pinche mete conmigo, mucho menos un escuincle caguengue que me amenaza con la mano esperando que yo crea que es una navaja.
Nadie se pinche mete conmigo, mucho menos un escuincle caguengue que me amenaza con la mano esperando que yo crea que es una navaja.
También le quisiera agradecer públicamente al buen hombre que estaba sentado en las jardineras afuera de su casa, sin él no hubiera sido posible conservar mis pertenencias. Lo malo es que ya no voy a morir virgen de asaltos, no le digan a mi mamá.
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