Llevaba un semestre en esa escuela rascuache y jamás lo había visto hasta ese día. Estaba en medio de una bola de gente, jugando como puberto de secundaria y yo iba camino hacia la cooperativa.
- Oye, ¿a ti te gusta Alan verdad?
- ¿Quién es Alan?
- El chino de mi salón, al que siempre te le quedas viendo.
- Ah, pues más o menos. ¿Por?
- Porque te quiere conocer, mañana te lo presento.
Yo era una adolescente metalera con uniforme de preparatoria gris con azul marino. El tenía 18 años, creo que empezamos a andar al día siguiente de conocernos. Me prestaba sus discos de psytrance cuando a mi ni me gustaba, me acompañaba a mi casa, me iba a ver en vacaciones, me hablaba por teléfono en las noches, platicábamos mucho y yo estaba bien emocionada con él.
Me volaba algunas clases para estar con él en la escuela, me gustaban sus chinos y cuando me contaba de su equipo de fútbol americano. El día que se lastimó un pie le compré una tarjeta, creo que si lo quería. No mucho pero sí, aunque su ortografía era pésima. Era bien borracho y a veces se drogaba pero no me importaba. Ya no me acuerdo cuanto duramos, como 2 meses tal vez. Fue la relación más larga que he tenido con un hombre y el único al que llegué a querer. (No amar, aclaro: esta incapacidad de amar a los hombres me ha acompañado desde 1756)
Lloré poquito cuando me cortó, me salí de esa escuela y ya no supe nada de su vida. No sé cuanto tiempo después me lo encontré en un tugurio de mala muerte pero ni nos saludamos. Luego me volvió a buscar, salimos una vez y desapareció de nuevo. Luego de un año vino a mi casa pero no quise verlo, "te busca un tal Alan", "dile que no estoy". Siempre pensé que se parecía un poco a Bunbury.
Entonces resulta que lo encuentro en Facebook, veo sus fotos y me avergüenzo de mi adolescencia. Sigue igual, con esa barba que nunca le salía bien, la misma sonrisa, el cabello menos largo pero no recordaba que estuviera tan feo. Feo con F de "FUCK, qué bueno que eso pasó hace 6 años y ya no tengo ningún contacto con las personas que recuerdan ese noviazgo". Menos mal que a los 16 todos (sin excepción alguna) estamos bien pendejos. Y ciegos. Qué gracioso.
Y pues no sé ni por qué me acuerdo de estas cosas.
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