lunes, 23 de julio de 2012

Hay partes de mi alma que están llenas de sonrisas en días soleados, de besos interminables a todas horas, de cartas sin ser un día especial. De canciones en el parque, de abrazos eternos llenos de mariposas, de manos que parecían nunca soltarse, de todo el amor del mundo que se desbordaba de los ojos; los que ya nunca verán en la misma dirección.

No me gustan los cambios. Y a mi corazón tampoco. No nos alcanza la razón para entender por qué seguimos parados en en la estación Pino Suárez, afuera del baño del Sanborn's de Coyoacán. En la casa de Frida Kahlo, en el castillo de Chapultepec, en el museo de cera.
- Tal vez, señor - le digo con neblina en los ojos - es que llegamos tarde. Un par de años tarde.
"Yo sé que nunca te dije cuánto te quise, te puse una bomba en la mano, te puse un cañón en la frente. Quisiera regresarte la mirada que tanto buscabas, que ahora está ahogada en el fondo de la madrugada."

Quisiera ser mi mamá para decirme: - Mira nada más este muladar, ¡ponte a limpiar tu cuarto! Ya tienes mucha nostalgia acumulada.

"No importa, tengo tus manos guardadas. No importa, tengo tus uñas clavadas. No importa, tengo tu piel en mi cama. No importa, después de ti ya no hay nada".

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