martes, 13 de marzo de 2012

Qué culero es estar en los sueños equivocados de las personas equivocadas. Permanecer en una mente equivocada, atraer el interés equivocado. Provocar sonrisas en las bocas equivocadas. Acelerar el ritmo en el corazón equivocado.

Y yo aquí chillando porque ya no consigo esas cosas en ti, ni de chiste.

domingo, 26 de febrero de 2012

Me gustan tus labios suaves y tus besos profundos a las 2 de la mañana, me gusta abrazarte fuerte como tratando de fundirme en tu pecho. Me encanta como te ves cuando duermes y los gestos que haces cuando digo algo que no te parece gracioso. Me encantas desde los pies hasta la última de las partículas subatómicas que te conforman, me gusta darte mi chamarra aunque me muera de frío, me gusta sentir que te protejo cada vez que te quedas dormida recargada en mi. Me encanta saber que por ti lo doy todo sin pensarlo.

Me gusta estar tan enamorada de ti, amarte de esta forma tan exagerada, tan única, tan todo, te amo de todas las maneras posibles y de las imposibles. Me haces tan feliz que me dan ganas de salir a bailar a la calle como en todas esas películas cursis y gritarle a cada persona que me encuentre que soy la tipa más afortunada porque estás conmigo, porque soy yo la que te besa en el cine, la que te abraza por la cintura y camina tras de ti, porque soy tuya.

Me encanta que me gustes tanto.

lunes, 16 de enero de 2012

Quiero que me abraces como antes. Y me cargues como antes. Quiero que me cantes cuando se vaya la luz y me subas a tus hombros. Que me lleves a jugar al rancho de mi abuelo y me enseñes a andar en bicicleta otra vez aunque ya sepa. Quiero que todo sea diferente. Te quiero, mnéh. Y quiero llorar, no sé por qué.

viernes, 13 de enero de 2012

No sé, a veces me pregunto por qué quiero tanto al perro. Quizá porque me quiere sin pedir explicaciones. Porque me quiere aún cuando lo regaño por llenarme la ropa de pelos o ensuciarme de baba. O porque se mete entre mis piernas y casi me tira. O por todas esas reacciones propias de un perro a pesar de las cuales lo quiero. Porque cuando llego me huele todo, hasta el trasero como preguntándome "¿A dónde fuiste? ¿Qué hiciste?" cosas que nadie me pregunta. Tal vez porque bajo cualquier circunstancia siempre está moviendo la cola y con esa expresión feliz en su cara, dispuesto a darme la pata en cuanto yo extienda la mano sin importar lo que pase o qué tan ebria llegue a la casa. No sé, yo lo quiero, de verdad. Ojalá nunca se muera, ojalá mis hijos lo conozcan y jueguen con el. Y lo saquen a pasear en las tardes. Y le tengan que limpiar sus montañas de popó cuando ande jugueteando en el patio. Yo quiero mucho a Ringo, verda' de dios.
Mamá, te quiero demasiado. No mereces una hija que esté cayéndose de borracha en el cuarto junto a donde estás tú. Y tampoco tu hija la borracha merece que le hagas la cena mientras finge estar dormida para que no sepas que está borracha. Te quiero, de verdad.

martes, 3 de enero de 2012

Seño

Oye, te quiero de aquí hasta tu rancho. Y te lo digo porque es muy importante que lo sepas, además de que seguro me vas a estar stalkeando como de costumbre. No te conociera. ¡JA! Te quiero con todo y tus cheetos con clamato.

lunes, 2 de enero de 2012

Este día me recuerda un enero nublado de hace unos años, justo como este, lluvia en enero, hágame usted el favor. Me acuerdo de lo miserable que me sentía, también como ahora. El dolor de estómago y la ligera cruda me despertaron a pesar de todos mis esfuerzos, quise dormir más y no pude. Quería dormir todo el día, toda la semana, despertar sin ningún recuerdo y no se pudo. Entonces me quedé viendo fijamente mi ventana, 10 años con las mismas cortinas y jamás les puse atención hasta ahorita. Pude haber pasado todo el día viendo la ventana, el cielo nublado, escuchando las mismas canciones, sin comer, solo mirando la ventana. Pero resulta que las cobijas no se lavan solas ni el olor a perro de mi cuarto se va a quitar solo y pues ya qué.

domingo, 1 de enero de 2012

A la próxima que no me acuerde a la primera de mi contraseña del Hi5, lo tomaré como una señal. Aunque me esté cagando de ganas de recordar como nos conocimos.
Me duele tanto que quiero vomitar. Y no, no es el estómago lo que duele.
Según yo estoy bebiendo para apendejarme y dejar de chillar y es todo lo contrario. Mneh.