domingo, 26 de agosto de 2012
No recuerdo con exactitud las palabras que usaste para describirme esa vez pero fue algo así como "encimosa y hostigosa". Lo que jamás olvidaré es la cara de asco y desprecio que pusiste cuando intenté abrazarte tontamente después de que me llamaste así. "Pero yo te amo", lloriqueaba al tiempo que me empujabas para que no me acercara a ti. Esas palabras resonaron en mi cabeza interminables días, encimosa y hostigosa. Decidí cambiar entonces, convertirme en una nueva persona, una tan diferente a la que que si algún día volvías a encontrar no reconocieras. Y lo logré, hasta que un buen día sin darme cuenta siquiera lo olvidé y caí en lo mismo, ese cambio se revirtió hasta dejarme otra vez en la misma piltrafa que alguna vez fui. Hoy esas palabras vuelven a mi en forma de acciones, como el mismo chingadazo que me dolió hasta matarme aquella vez, el lenguaje no verbal puede decir más que el propio verbal, decía la maestra Adriana en la plática de asertividad de hace 3 días. Pinche vieja, como me acuerdo de la vez que me dijo que si no iba a su retiro religioso me iban a dar de baja de la prepa y me valió madre y no fui. Y sí, me dieron de baja. Pero también a ella la corrieron de esa escuela no sin antes culparme de eso. ¿Quién le daría la cachetada a quién en esta plática, 7 años después de ese día? ¿Yo a ella o ella a mi? Ah, pero estábamos en otra cosa.
Nuevamente ha llegado la hora de moverse, de cambiar, de irse y no volver, antes de hundirse más en este fracaso anticipado.
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